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16.2.15

CRISTAL OSCURO (Jim Henson) / 1982

Escrito por Alejandro Bedía

www.cartelespeliculas.com
En un mundo de fantasía denominado Thra (nombre que no se menciona en la película, pero sí en la novelización de la misma realizada por A. C. H. Smith) los Skeksis, una raza cruel, malvada y opresora, ejercen su dominio sobre el resto de las criaturas gracias al Cristal Oscuro, una piedra fracturada hace mil años que, completa, permite un equilibrio justo, pero en su estado actual proporciona un inmenso y maléfico poder a aquel que la posee. Jen, un Gelfling supuesto como último miembro de su especie, recibe la misión de recuperar el fragmento de cristal perdido, restaurando la roca ahora incompleta y devolviendo así la ansiada paz a Thra.

Resulta llamativo al echar la vista atrás que una película que hoy goza de gran predicamento entre los aficionados al fantástico fuese despreciada en el momento de su estreno tanto por la crítica como por el público, llegando a considerarse un fracaso de taquilla. Ese presunto revés fue achacado por aquel entonces a determinados elementos oscuros del relato (por ejemplo, cada Skeksi se identifica con un pecado capital) que alejaban al filme de la supuesta audiencia potencial a la que iba dirigido: los niños. 

Además, el estreno de E.T.: El extraterrestre, Steven Spielberg, 1982, que se produjo poco después del de la película de Henson, acabó con las opciones de ésta de conseguir una taquilla acorde con sus aspiraciones, pues la historia de aquella, sencilla, emotiva y moralista, resulta mucho más cercana para la audiencia infantil.

Los momentos dignos de ser recordados se suceden a lo largo de un filme que resulta sumamente original (se trata de la primera película de acción real en la que no aparece un solo ser humano). Así, la voz del narrador nos cuenta lo sucedido con el Cristal Oscuro hace un milenio, mientras la cámara se acerca al lóbrego palacio de los Skeksis, atravesando una llanura árida y desértica iluminada por los rayos que caen de un cielo sombrío y tormentoso, sumido en la negrura de la noche. Un plano muestra los interiores de la fortaleza, recreándose en los detalles en miniatura, mientras los Skeksis se reúnen alrededor de la piedra, discutiendo sobre la sucesión de un líder que aún sigue con vida, aunque agonizante (el score de Trevor Jones acompaña de forma brillante tanto este momento como los sucesivos). Sin solución de continuidad sobrevendrá la presentación de los Mystics, el reverso luminoso de los Skeksis. De acertado se puede calificar el hecho de que ambas razas sean las dos caras de una misma moneda, el Cristal Oscuro, opuestas en aspectos éticos y morales, pero complementarias hasta el punto de que el sufrimiento de un miembro de una de ellas se ve reflejado en su equivalente del linaje contrario, mientras que la muerte de un individuo significa también la de su antagónico. Si la ruptura del mineral significó la separación de ambas castas, la reparación del mismo supondría su reunificación, recuperándose, de paso, el Igualmente destacable resulta la presentación de Jen, un Gelfling afable y bondadoso, rescatado por los Mystics de una muerte segura, pues su pueblo fue atacado y exterminado por los Skeksis cuando solo era un bebé. Sobrevenida de manera forzosa su condición de héroe, se ve obligado a partir en un viaje que se adivina sin retorno, pero gracias al cual descubrirá no ser el último miembro de una especie que parecía condenada a la extinción. Kira (Mullen), a la que conoce en el bosque, es otra Gelfling que le seguirá en su misión. El momento en el que ambos juntan sus manos, creándose una conexión que les permite ver lo sucedido con su pueblo en el pasado, parece una clara inspiración para el enlace que se produce entre los Na´Vi de Avatar, James Cameron, 2009, algo que vuelve a suceder en la conclusión, cuando Kira utiliza su vínculo con la Madre Naturaleza para que los animales luchen contra los Skeksis.

El punto humorístico es aportado por la bruja Aughra (Oz), cuya bondad es inversamente proporcional a su belleza, y que no duda en ayudar a la pareja protagonista. De todas formas, algunos aspectos como la extracción de la esencia de los Podling, otra de las razas de Thra, por parte de los Skeksis, que se sirven de la misma para rejuvenecer (las desvalidas criaturas son maniatadas ante el Cristal Oscuro, que extrae hasta la última gota de vida, convirtiéndolos en zombis de pelo canoso y ojos blanquecinos); o el fallido plan de rescate de los esclavos, que culmina con la muerte de las monturas de los protagonistas, añaden cierto tono macabro al relato. Pese a esos aspectos, el paso de los años y el descubrimiento del filme por un público más adulto y maduro otorgaron a Cristal oscuro el éxito que quizá mereció desde el principio.

15.12.14

“No Land's Song” 2014, (“El país sin canción”), Ayat Najafi .

Escrito por Yasmin Sadeghi

Ponte en situación un momento. Olvida quién eres y dónde estás y créete que eres una mujer de cualquier edad en el Irán actual. Ya sabrás que es más larga la lista de cosas que NO se te permiten  hacer que la lista  de tus derechos, pero hay una “ley” que quizá te sorprenda tanto como a mí: NO PUEDES CANTAR SOLA  PARA UN PÚBLICO DE AMBOS SEXOS, NI SUBIRTE A UN ESCENARIO SIN QUE HAYA UN HOMBRE EN ÉL.

Sin embargo, cabe destacar que esto no siempre ha sido así. Antes de la revolución de 1979, las mujeres podían dedicarse a la música... ¡e incluso hablar de alcohol y sexo en sus canciones rodeada de bailarines masculinos!

Sobre esta injusta y absurda ley trata el documental “NO LAND’S SONG” (Algo así como "El país sin canción" en castellano) dirigido por Ayat Najafi y presentado en la pasada edición del  52º Festival Internacional deCine de Gijón,  donde recibió el galardón al Mejor Documental PREMIO DOCUFICX   “Por mostrar el coraje de la mujer iraní para que se pueda escuchar su voz a través de una historia valiente y actual.”

La protagonista, Sara Najafi, es una joven compositora que lucha por derruir esta barrera organizando un concierto de cantantes femeninas en Teherán. Desgraciadamente, no le dejan de llover obstáculos y  problemas. Sara pronto se ve envuelta en una espiral de rechazo y prohibiciones donde nadie pretende explicarle nada. De hecho, en una de las escenas se oye (ya que no permiten grabar) como la secretaria del “Departamento De Música y Arte” le dice honestamente: “No te van  decir por qué no, pero es no. ¿Desde cuándo en este país se habla claro? ¿Desde cuándo se explican los motivos?”
Pero Sara representa la fuerza, las ganas y la lucha de toda una generación y sus expectativas van más allá. Aparte de las cantantes iraníes, busca el apoyo fuera del país, y se pone en contacto con un grupo de músicos franceses que pretenden viajar a Teherán para el concierto.

Elise Caron, Jeanne Cherhal y Emel Mathlouthi, son las tres parisinas que junto a su grupo de músicos, representan a la perfección lo que supone viajar a un país en las circunstancias de Irán.  Miedo, inseguridad y un montón de preguntas. No acaban de entender nunca las restricciones que tienen las mujeres para hacer algo tan básico en la vida de un músico como es subir a un escenario. Por eso, es fácil para el espectador ponerse en la piel de los europeos, siendo la  frustración de todos ellos  más que contagiosa. En cambio, es cuanto menos inspirador escuchar las palabras del director Ayat Najafi cuando dice que “no he sentido miedo. Tanto mi hermana como yo hemos nacido y crecido en Irán, y sabíamos a que nos enfrentábamos”. Es también una valentía y  energía que traspasa la pantalla, y logra emocionar al público al  saber captar con la cámara esa lucha, verdad y entrega.

Foto: filmfestivals.com
En una entrevista concedida en el  pasado Festival Internacional de Cine deMontecarlo, Ayad Najafi hace hincapié en lo difícil que fue conseguir la financiación y lo afortunados que fueron. Tardaron tres años en reunir el dinero, y cuatro en sacar el documental a la luz. Gran  parte de la culpa de este retraso fue el trabajo del Departamento de Censura del Régimen. Aunque parezca una broma, les hacen recortar canciones, modifican letras y por supuesto, obligan a que haya hombres suplantando a las mujeres en las partes centrales de las canciones, relegando a éstas a la posición de coristas. Sin embargo, no es esto lo que Sara quiere. No ha contactado con una de las cantantes más importantes de Irán (Maryam Tajhdeh) ni ha conseguido -después de darlo casi por imposible- que los franceses fueran aceptados en su país. Sus preciosos  temas han sido pensados para la voz femenina y crean una fusión mágica con las canciones y voces de sus amigos parisinos. La música es, por supuesto, un personaje más que importante durante todo el filme. No en vano eran las preocupaciones del director por “encontrar un balance entre la música  y la política, de sacar lo mejor de todas las historias y los detalles que tenemos recopilados”.

No Land’s Song” es una preciosa historia de resistencia que usa  una de las armas más poderosas de todas: la música. No deja de ser al mismo tiempo, un homenaje a la música iraní e internacional. Muestra como salen cosas preciosas de la fusión, ayuda y cooperación entre pueblos. Cómo hay cosas por las que luchar que son más importantes y poderosas que el país del que procedamos.

Como bien reivindica este aclamado documental ganador en varios festivales internacionales, las mujeres no pertenecen a la fila secundaria del coro. Cada una de sus voces ha de ser escuchada. De forma individual.


Enlace a entrevista al director y su hermana, la protagonista del filme, en el festival pasado  de Montreal.