27.5.15

¿Qué fue de Baby Jane? (Robert Aldrich)

Escrito por Alejandro Bedía
Extraída de www.wikipedia.org
Uno de los mejores (y más recordados) duelos interpretativos vistos en una pantalla (y fuera de ella. Al parecer, las peleas en plató de las dos actrices protagonistas fueron antológicas), con Bette Davis y Joan Crawford realizando el papel de dos hermanas que alcanzaron el éxito en determinados momentos de sus vidas en el mundo del espectáculo (la primera, en su niñez, como cantante y bailarina, desarrollando una personalidad caprichosa debido a la permisividad de su padre. La otra, más humilde y apocada, como actriz en su juventud, justo cuando la estrella de su hermana comienza a apagarse). La carrera de ambas se truncará definitivamente cuando la primera, a causa de los celos, atropella (supuestamente) a la segunda, dejándola postrada en una silla de ruedas. En una especie de cruel burla del destino se verán obligadas a convivir juntas el resto de sus vidas, lo que provocará que el resentimiento y la desconfianza que permanecían latentes salgan al exterior, revelando finalmente un secreto que cambiará la percepción de lo acontecido hasta ese momento.  

Nos encontramos, por un lado, a una Davis asombrosa en su papel de hermana perturbada, que encierra los recuerdos de su exitosa infancia y de su antigua belleza en la enfermiza mente y en el decrépito y ajado rostro de una  anciana (es destacable el aterrador momento en el que la mujer canta la canción que la hiciera famosa vestida con un camisón que le da un aspecto fantasmagórico, acentuado por un maquillaje que subraya sus cadavéricos rasgos y por ser su compañera de baile una vieja muñeca hecha a imagen y semejanza suya, viéndose reflejada en un espejo, donde contempla, ida, la dura realidad que el paso de los años ha provocado en su rostro y en su cuerpo), y que castiga con una ira y una envidia sin límites a su hermana, a la que culpa de su fracaso (comienza con insultos y desprecios, pero pronto opta por endurecer sus métodos, sirviéndole como cena el canario que aquella tenía como mascota, y, posteriormente, una rata -Aldrich juega la segunda vez con la incertidumbre del espectador y de Crawford ante lo que ésta pueda hallar bajo la tapa de su bandeja, teniendo en cuenta que antes le han servido a su pájaro cocinado y que acaba de escuchar a su hermana decir que en el sótano hay roedores-, para acabar maltratándola físicamente). Por otro está Crawford, cuyo comportamiento excesivamente sumiso y tolerante ante los desmanes de su hermana queda finalmente justificado por un fuerte sentimiento de culpa provocado porque ella (y no su hermana) fue la causante de su propia invalidez al intentar atropellar a aquella. Su actuación es digna de mención, pues la desesperación se refleja en sus demacradas facciones a medida que su hermana se hunde en la demencia y comprende que no hay vuelta atrás (su desmoronamiento se produce cuando, tras el esfuerzo sobrehumano realizado para bajar las escaleras y llegar hasta el teléfono para pedir ayuda, se ve sorprendida por su hermana, no pudiendo lograr su objetivo). 

La película termina de forma sumamente pesimista aunque lógica, pues en cierta manera el círculo se cierra (Baby Jane baila en la playa tal y como hacía antaño ante las miradas –atónitas en el presente, de admiración en el pasado- de los transeúntes, mientras su hermana agoniza en la arena siendo ignorada por el “público”), acentuando así su tono satírico y granguiñolesco.