1.3.15

Héroes en papel

Escrito por María Sampedro

Te gusta vivir otras vidas, visitar otros parajes... el mundo real es en ocasiones demasiado predecible y complicado. Ante una respuesta con un rotundo SÍ, eres de los míos, nos gusta la fantasía y no vamos a decir en voz alta la edad que ostentamos.
Porque da igual: somos frikis, raros, desubicados, extraños... Busca la acepción que más te guste porque ninguna encaja, no somos raros, son peores los que no lo reconocen.
Todos somos raritos en algo. De ahí el misterio de la singularidad. Y el que no lo reconoce es un rarito con disfraz o antifaz, eso según se tercie la rareza propia.

Y sin que sirva de precedente, pondré el burro delante -a mí- me encantan los cómic, de muy diversos temas. Soy una apasionada de esa aldea gala que resiste aventura tras aventura a las hordas romanas, viajando por el mundo y conociendo a las diferentes regiones vecinas. Y qué te voy a decir de Conan, ese grandullón -cuatro por cuatro- que lucha con el poder de sus manos y a mazazo limpio con todo tipo de enemigos, cuyos compañeros de andadas son bastante variopintos. Y el infatigable Batman, uno de los huérfanos más conocidos de la historia; qué punto de misterio se trae nuestro murcielagito, todo un gentleman, hombre rico, serio y responsable de día y un mamífero volador de noche. Al igual que Superman están condenados a crecer sin el amor y afecto de sus padres biológicos, realidad de ambos que les marca de maneras muy distintas: uno es extraterrestre y el otro se vuelve, para entendernos.





Son apenas algunos ejemplos de los que me vienen a la cabeza. Podría seguir contándote, seguro que se te están ocurriendo alguno que no he mencionado. ¿Te gustan los cómic? ¡A mi me encantan!
Aunque he de decir que también tengo mis preferencias, soy mucho de superhéroes como puedes advertir. Todos los que te he descrito hasta ahora son salvadores de la patria, cada uno de la suya. Y de superheroinas, uhm, te puedo subrayar a Red Sonja -icono de mi juventud- porque semejantes habilidades y curvas deberián de estar prohibidas. Ni Conan es capaz de resistirse a una mujer así.

no sólo los superhéroes copan los recuerdos infantiles de los que ya tenemos una edad; hay mucha manera de ser un héroe y no siempre precisa envainar una espada. Mafalda Snoppy son algunos de los ejemplos. Desde Argentina, una pequeña niña nos ruboriza con su manera de percibir la realidad, no sólo por su capacidad de crítica, sino en la aportación de ideas, que a más de un adulto se nos hubieran escapado seguro. Y Snoopy -o cómo un perro vive subido a su caseta- que se aventura a vivir más sueños que los destinados a su raza, desde perseguir profesiones de altura a escribir novelas, vamos, un avanzado a su época.

En sus historias nos permitimos vivir más vida que la propia, nos transportamos a un país de fantasía donde no existe más límite que el que nosotros nos fijamos.  Mediante las ilustraciones vivimos aventuras y desventuras de unos personajes nada convencionales. Porque en la fantasía radica la magia.

Podemos encontrar diversas versiones de Mujer Maravilla, X-Men... algunas cinematográficas que nos acercan esa realidad inventada donde todo, en ocasiones, cobra sentido. ¿Te imaginas sacando fuego por los ojos, moviendo los coches con la mente o alzando la mano para generar dolores inimaginables en  aquellos que osen insultarte? Seguramente nos costaría controlarnos y eso hace que en el fondo nos aliviemos siendo simplemente mortales: nos gustán los héroes porque sus superpoderes los utilizan para el bien de los demás, no en beneficio propio, eso es lo que realmente les hace especiales.

Pero lejos de considerar la derrota seguiremos siendo críticos y mordaces como Maitena, aventureros como Tintin y ágiles como Spiderman para seguir tejiendo en nuestra cabezas las fortalezas que nos hacen ser los héroes que podemos ser, porque a nuestra manera también tenemos habilidades que se podrían plasmar en un cómic.